miércoles, 8 de noviembre de 2017

Vacaciones



Os dejo unos días porque por fin voy a cumplir uno de esos sueños que tardan tanto en hacerse realidad, que parece que nunca vayan a cumplirse. Me voy bien lejos, al otro lado del mundo, a ese país que, siendo tan grande como Europa, forma casi un continente él solo.


Será poco tiempo, pero al menos podremos darle un bocado a Uluru y a la Great Ocean Road, con la idea de volver más adelante en futuros viajes. ¡Nos vemos pronto!

lunes, 30 de octubre de 2017

Stuttgart – Museo Porsche (y un desahogo personal)

Teniendo amigos a los que les gustan los coches es complicado sustraerse a determinadas visitas, y poco después de conocer el museo Rolls Royce en Austria, pusimos rumbo a Stuttgart con la intención de visitar dos museos, el de Porsche y el de Mercedes.
Madrugamos el sábado, y a las siete de la mañana ya íbamos camino de Alemania. Nos desviamos apenas unos minutos para tomar un café en Herrenberg, un pueblo de la Selva Negra del que ya os hablé aquí, y llegamos a Stuttgart a una hora más que razonable.


Nuestro deseo era ver primero el museo de la Mercedes, pero
no contábamos con que los accesos estarían cortados durante horas por culpa de una maratón, lo que me lleva a hacer un inciso. Algunos se creen muy modernos cerrando al tráfico calles y avenidas, pero no se dan cuenta del grave perjuicio que causan. Y si se dan cuenta, les da igual, porque su egoísmo está por encima de todo.
Me parece estupendo que la gente corra y se divierta, pero no estoy de acuerdo con que este tipo de eventos hayan de celebrarse en las calles de la ciudad, privando a otras personas de su legítimo derecho a circular. A nosotros nos causó un gran trastorno en cuanto a tiempo, además de costarnos dinero.
Ya está bien de que pequeños grupos de personas secuestren ciudades enteras. El que quiera hacer deporte que lo haga en un polideportivo, que para eso están. Y bien caros que nos cuestan. Lo mismo aplica a las manifestaciones y a otro tipo de actos supuestamente culturales que solo gustan a unos pocos. No hay derecho a que por culpa de unos centenares de personas, se desvíen rutas de autobuses, se corte el tráfico y se perjudique a quienes, como era nuestro caso, quieren visitar un museo que está en el centro de la ciudad y al que no se podía acceder en transporte público por estar las calles cortadas. En nuestro caso fue en Stuttgart, pero tengo muy en mente Madrid, una ciudad que se está volviendo inhabitable en aras de una supuesta modernidad.
Una vez he dejado clara mi postura, podemos regresar al tema de la entrada: el museo Porsche. Se trata de un edificio moderno, de unos 5.600 metros cuadrados en el que se exhiben más de 80 modelos de la conocida marca germana.
Fue en julio de 2004 cuando la compañía vienesa de arquitectos Delugan Meissl fue seleccionada para dar forma al proyecto. La construcción se iniciaría año y medio más tarde y el edificio, que se apoya en tres “V”, sería entregado a tiempo, a finales del 2008.


A pesar de su parecido con un coche de caballos, este modelo, que nunca ha sido restaurado, representa la primera construcción de Ferdinand Porsche, en 1898. El ingeniero alemán utiliza un motor eléctrico con una batería de 550 kilos, que suministra el poder de tracción necesario para alcanzar una velocidad de 25 km/h, durante un máximo de seis horas.


Dos años más tarde causará asombro en la exhibición mundial de París, al construir un vehículo equipado con un motor eléctrico. Diseña entonces, el primer coche producido con un sistema de propulsión híbrido de gasolina y electricidad, lo mismo que ahora nos quieren vender como un gran avance para la humanidad, solo que él lo inventó hace más de cien años. También idea la tracción y el freno a las cuatro ruedas. En esos primeros años, Porsche se asocia con Austro-Daimler, desarrollando vehículos cada vez más rápidos, comenzando por camiones de bomberos que prestan un servicio impagable a la comunidad y que le permiten hacerse una reputación.


Llegamos a una de las joyas del museo, este Austro Daimler Bergmeister de 1932. Considerado como una de las cumbres del grupo austriaco por los historiadores de automoción, los expertos aprecian la mano de Ferdinand Porsche. Sus seis cilindros y sus 120 caballos de potencia le permiten alcanzar los 150 km/h, pero es que es además uno de los coches más bonitos de la época. Fue restaurado en 2011, después de haberle dedicado 10.000 horas de trabajo.


Nada más terminar la SGM, Piero Dusio, empresario y entusiasta de las carreras, se une a Porsche para crear este prototipo de un único asiento que al final no vería la luz por problemas financieros. No obstante, su motor de doce cilindros y su moderna carrocería estaban a la cabeza de la técnica del momento.


Llegamos entonces al que sería el primer deportivo de la marca alemana, el Porsche Type 356 No 1, que requeriría de un permiso especial para ser conducido por las carreteras normales durante su periodo de prueba. Con un peso de 585 Kg y 35 caballos de potencia, alcanzaba los 135 km/h.


Imagino que no os interesan tanto los coches como para ir uno a uno, así que os muestro algunos modelos más para que os hagáis una idea de lo que alberga el museo sin incidir demasiado en su historia. Tenemos un 356/2 coupé, del que se fabricaron 52 unidades a mano y un 356 America Roadster. En el primero, el motor fue instalado en la parte trasera para hacer hueco a más asientos y a un minúsculo maletero. El segundo fue fabricado en exclusiva para el mercado norteamericano.




A partir de 1955 se añadió la palabra “Carrera” a todos los modelos deportivos de la marca. Y aquí tenemos al mítico 911, que inicialmente iba a llamarse 901. El cambio de numeración se debe a que Peugeot había registrado el uso de los tres dígitos con el cero en el medio. Hizo su aparición en Frankfurt, en 1963.



Seguimos recorriendo el museo y pasamos junto a varios modelos de carreras que me llaman menos la atención a pesar de sus agresivas líneas.




Lo mío son los modelos más clásicos, como este 911 Carrera RS 2.7 Coupé (en blanco) o el 924 (en verde) de 1976, comprado por el museo con solo 70.000 km. O, ya puestos, el 911 Turbo 3.0 coupé, una bestia de 260 caballos, construida en plena crisis energética.





Llegamos entonces a modelos mucho más modernos, un 911 Sport Classic, un GT3 RS, y un Cayman S.




En general, el museo está muy bien organizado, con espacios amplios que permiten disfrutar de los automóviles expuestos, creaciones que debemos al genial ingeniero Ferdinand Porsche. La información es abundante, en alemán e inglés, y la visita merece mucho la pena.




Después de semejante atracón, dejaré pasar unos meses antes de enseñaros el museo de otra marca mítica: Mercedes. Tenéis más datos, en español, en la página de Wikipedia, de la que por una vez, no he sacado información.