jueves, 15 de febrero de 2018

Una injusticia no se subsana con otra


Os traigo hoy un artículo de Javier Marías, titulado Ojo con la barra libre y publicado en El País.

Lo he copiado tal cual, y lo suscribo palabra por palabra. Aquí tenéis el enlace:



MUJERES VIOLADAS, acosadas, manoseadas sin su consentimiento, todo eso existe y ha existido siempre, por desdicha. Que haya una rebelión contra ello no puede ser sino bueno. Pero hay demasiadas cosas buenas que hoy se convierten rápidamente en regulares, mediante la exageración y la exacerbación y la anulación de los matices y grados. El estallido se produjo con el caso Weinstein, cuyas prácticas son viejas como el mundo. Ya hacia 1910 se acuñó la expresión “couch casting” (“casting del sofá”), para referirse a las pruebas a que los productores de Hollywood y Broadway sometían a menudo a las aspirantes a actrices (o a los aspirantes, según los gustos). En el despacho solía haber un sofá bien a mano, para propósitos evidentes. La costumbre me parece repugnante por parte de esos productores (como me lo parece la de cualquier individuo poderoso), pero en ella no había violencia. Se producía una forma de transacción, a la que las muchachas podían negarse; y una forma de prostitución menor y pasajera, si aceptaban. “A cambio de que este cerdo se acueste conmigo, consigo un papel, iniciar mi carrera”. Pensar que la única razón por la que se nos dan oportunidades es nuestro manifiesto talento, es pensar con ingenuidad excesiva (ocurre a veces, pero no siempre). Con frecuencia hay transacciones, compensaciones, pactos, beneficios mutuos que entran en juego. La índole de algunos es repulsiva, sin duda, pero cabe responder “No” a tales proposiciones. Y tampoco hay que olvidar que no han sido pocas las mujeres que han buscado y halagado al varón viejo, rico y feo, famoso y desagradable, poderoso y seboso, exclusivamente por interés y provecho. No hay que recurrir a nombres para recordar la considerable cantidad de mujeres jóvenes y atractivas que se han casado con hombres decrépitos no por amor precisamente, ni por deseo sexual tampoco.
Ahora el movimiento MeToo y otros han establecido dos pseudoverdades: a) que las mujeres son siempre víctimas; b) que las mujeres nunca mienten. En función de la segunda, cualquier varón acusado es considerado automáticamente culpable. Esta es la mayor perversión imaginable de la justicia, la que llevaron a cabo la Inquisición y los totalitarismos, el franquismo y el nazismo y el stalinismo y el maoísmo y tantos otros. En vez de ser el denunciante quien debía demostrar la culpa del denunciado, era éste quien debía probar su inocencia, lo cual es imposible. (Si a mí me acusan de haber acuchillado a una anciana en el Retiro, y la mera acusación se da por cierta, yo no puedo demostrar que no lo hice, salvo que cuente con coartada clara.) De hecho, en esta campaña, se ha prescindido hasta del juicio. Las redes sociales (manipuladas) se han erigido en jurados populares, son la misma muchedumbre que exigió la ejecución de Jesús y la liberación de Barrabás en su día. Tal vez sean culpables, pero basta con la acusación, y el consiguiente linchamiento mediático, para que Spacey o Woody Allen o Testino pierdan su trabajo y su honor, para que pasen a ser apestados y se les arruine la vida.
La justificación de estas condenas express es que las víctimas no pueden aportar pruebas de lo que sostienen, porque casi siempre estaban solas con el criminal cuando tuvieron lugar la violación o el abuso y no hay testigos. Es verdad, pero eso (los delincuentes ya procuran que no los haya) les ha sucedido a todas las víctimas, a las de todos los crímenes, y por eso muchos han quedado impunes. Mala suerte. ¿Cuántas veces no hemos visto películas en las que alguien se desvive por conseguir pruebas o una confesión con añagazas, porque sin ellas es palabra contra palabra y perderían el juicio? Así está montada la justicia en los Estados de Derecho, con garantías; no así en las dictaduras. Por eso me ha sorprendido leer editoriales y “acentos” en este diario en los que se afirmaba que las injusticias derivadas de todo este movimiento eran “asumibles” y cosas por el estilo. Es algo que contraviene todos los argumentos que, desde Beccaria en el siglo XVIII, si no antes, han abogado por la abolición de la pena de muerte. La idea de los defensores de la libertad, la razón y los derechos humanos ha sido justamente la contraria: “Antes queden sin castigo algunos criminales que sufra un solo inocente la injusticia de la prisión o la muerte”. Ahora se propugna lo opuesto. Si la falta de pruebas contra los acusados se extendiera a otros delitos, y aquéllos dependieran de las volubles masas, se acabaría la justicia.
Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las difamaciones y los ajustes de cuentas. Las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no. Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien. Podrían inventar, retorcer, distorsionar, tergiversar impunemente y con éxito. El resultado de esta “barra libre” es que las acusaciones fundadas y verdaderas —y a fe mía que las hay a millares— serán objeto de sospecha y a lo peor caerán en saco roto, haya o no pruebas. Eso sería lo más grave y pernicioso.

19 comentarios:

Ambar dijo...

Me repugna enormemente que las mujeres mientan sobre los acosos , las violaciones o los maltratos. Cuando una mujer miente está haciendo un enorme daño a los hombres sobre los que miente pero sobre todo está haciendo un enorme daño a las autenticas víctimas de acoso, maltrato y violación. Son hechos demasiado serios, demasiado dolorosos como para frivolizar sobre ellos.
Un abrazo

Mari-Pi-R dijo...

Muy buen articulo nos has dejado y es cierto que en muchos casos se ha demostrado que mas de uno ha exagerado y ha mentido, lástima, pues con ello no se llega hacer justicia, ya que a la larga nadie va a creer cuando hay verdad en todo ello.

Un abrazo.

Una mirada... dijo...

Escribe el Sr. Marías que "las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no", pero a tenor del resto de su artículo más bien parece que dicha afirmación sea una coletilla añadida con calzador para disimular esa sutil misoginia que rezuma cada renglón. Sólo le ha faltado añadir: "Salvo dos o tres, son todas unas liantas".

unjubilado dijo...

Un artículo un tanto controvertido al que no le doy toda la razón, al igual que Una mirada... tengo la misma opinión que la de el.
Hay de todo, los hombres que mienten y las mujeres que acusan sin tener razón nada más que por figurar, en ambos casos lo único que se consigue es crispar y ahondar en lo más profundo en las víctimas reales de tales infortunios.

Nélida G.A. dijo...

Hola Tawaki.
Creo que no podría resumirte en un comentario de blog, todo lo que me provocó el artículo cuando lo leí.
Pero voy a intentarlo, sabiendo que todo lo que pueda dejar de decir aquí, tú lo conoces.

Antes de emitir un juicio de valor sobre un tema tan delicado y doloroso para miles de mujeres, lo medito y me pongo en el lugar de las víctimas. Aunque solo hubiera una (y no hay una, hay muchas.....demasiadas.....miles!!!) sé que no les gustaría leer este artículo, que para mi ha sido una continua patada en el estómago a todas ellas.
Añade más dolor a las víctimas, cuyas historias y sufrimientos merecen mucho más respeto- bajo mi punto de vista- del mostrado por Javier Marías.

Requiere el tema un análisis más humano, menos frívolo y que no juegue tanto a la ambigüedad como hace él.
Entra en demagogia e incongruencias, generaliza y sentencia de manera única, obviando los matices particulares y mostrando cero empatía.
Recurre a ejemplos fáciles para justificar lo injustificable.
Entra en temas que nada tienen que ver unos con otros. Se pierde, divaga....

Estoy de acuerdo con el comentario de "Una mirada..." y con "unjubilado".

Si la estadística se acercara a que por cada mujer que sufre y dice la verdad, hay miles que mienten...
Pero desgraciadamente la proporción, a grosso modo, es a la inversa.
En este sentido, y en muchos otros que no comento por no alargar mi intervención, el artículo tergiversa la realidad, lo que me provoca un rechazo mayúsculo.
Y una disconformidad global.

Gracias por compartirnos el artículo, Tawaki. Y dejar que cada uno exprese su opinión. Mientras se haga con respeto, no debería haber polémica.

Un beso.

lola dijo...

Hola Tawaki, el tema que has tocado es muy delicado, como dicen en mi tierra:"Hay de todo como en botica". Desgraciadamente hay casos en los que se ha demostrado en que la acusación ha sido falsa pero eso no quiere decir que siempre sea así. Lo que sí me llama la atención es lo que han tardado en salir todas estas historias, ¿Por qué esperar tanto tiempo?
Saludos,

nélida dijo...

He leído al menos cinco veces el artículo. La primera vez me dejó muda. Y la verdad puedo decir por experiencia propia y de amigas, (una inclusive que casi muere a manos de su marido), que este señor no tiene idea de lo que habla. Y, no solamente no tiene idea, sino que nos denigra.

Como lectora, ser humano y mujer, digo que al autor se le olvidó mencionar algo que salta a lo lejos. No solo en estos casos, en muchos otros que tienen que ver con la guerra, el hambre, la explotación de trabajadores/as, de niños y niñas y la trata de personas. Eso se llama ABUSO DE PODER. Un poder que se utiliza para enriquecer cualquier bien que consideren importante para sí mismos, incluso las Perversidades.

Si fueron culpables o no, lo determinará la justicia.

Me parece una reflexión llena de resentimiento, de miedo hacia la mujer. Decir que es algo que se hace desde 1910. Que: “Se producía una forma de transacción, a la que las muchachas podían negarse; y una forma de prostitución menor y pasajera, si aceptaban. “A cambio de que este cerdo se acueste conmigo, consigo un papel, iniciar mi carrera”. Que “Pensar que la única razón por la que se nos dan oportunidades es nuestro manifiesto talento, es pensar con ingenuidad excesiva (ocurre a veces, pero no siempre)” Aunque al autor le parezca repugnante; es desde mi punto de vista, aplaudir solapadamente los actos, hacer absolutamente responsable a la víctima y echar por tierra la idea de: estudia, preparate, sé la/el mejor o intenta serlo. Aunque si no te tienen en cuenta, si no te miran…. Bueno... tal vez… puedas ofrecer algo a cambio.

Y, si bien es cierto que sucede y no solo en la industria del cine o el teatro; no podemos ni debemos si realmente queremos sanar como sociedad; hacer la vista gorda y dejar que sigan ocurriendo. Debe denunciarse. Pese al argumento de JM: “Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien” What?! Qué significa esto?
Pero este hombre no nos da ni un poquito de crédito. Y sí, podemos ser todo eso, pero también podemos ser solidarias, generosas, auto suficientes, comprensivas, competentes, inteligentes, amorosas, guerreras, brujas (ésta se le olvidó) y haber sufrido una abuso sexual.

Indudablemente todavía hay mucho camino que recorrer, pero no es escarbando en la herida que vamos a recomponernos y a sanar tantos siglos de abuso y menosprecio; sino más bien al contrario. Se trata de ponernos en los zapatos del otro, sea hombre o mujer. Tomando conciencia que somos Seres humanos, que somos iguales en esencia, más allá de nuestras diferencias físicas y mentales. Desarrollando el respeto y el cuidado por nosotros mismos y por los demás.
Y lamentablemente, este artículo, al menos de mi perspectiva, no tiende puentes. Los vuela por el aire. Y deja a los abusadores como santos y a las víctimas, como chicas fáciles, zorras.
NO Suma. Resta.

¿Sabés cuántos años demoré en decir que un adulto cercano a la familia, me había manoseado y que no pasó a mayores porque me le escapé? 40. 40 años pasaron para que pudiera decirlo y decírmelo en voz alta. Y de pronto escuchar con espanto y asombro, que en el grupo de amigas donde lo compartía, tres, la habían pasado peor.
Como dice NélidaAG es un tema muy delicado y debería tratarse con más respeto y cuidado.

Tawaki dijo...

Con vuestro permiso, os respondo por grupos para no repetirme demasiado.

Ámbar, Mari-Pi-R, me alegro de que hayáis captado la idea del artículo, que es la presunción de inocencia y el mucho daño que hacen los que mienten al denunciar, en este delito y en cualquier otro. Como bien decís, los falsamente acusados también son víctimas (de las que nadie se ocupa, por cierto) pero las principales perjudicadas son las mujeres que sí han sido abusadas de verdad y ven mermada una credibilidad muy necesaria en este tipo de crímenes. Por supuesto que hay que denunciar los abusos, por supuesto que hay que luchar contra ellos, enjuiciar a los imputados, condenarlos y castigarlos en caso de que sean culpables. Sin que quede ni uno. Nadie niega esto último, ni JM, ni yo, ni nadie que tenga un mínimo de ética, moral y corazón. Gracias por romper el hielo en este tema que, lo reconozco, es muy polémico.

Una mirada, Un jubilado, Nélida G.A., Nélida, con todo el respeto, de verdad, y con más cariño del que se pueda desprender de unas palabras comprimidas por la falta de espacio en un medio tan poco dado al debate como este. Repito para que quede claro, con cariño y respeto: el artículo no trata sobre los abusos (de eso podemos hablar otro día), se centra en un par de cosas muy sencillas que son las que precisamente habéis obviado en vuestros comentarios: 1. Estamos condenando (la sociedad, no yo) a muchas personas sin pruebas y sin un juicio previo. Eso se hace en las dictaduras, no en las democracias actuales, donde hay una cosa llamada presunción de inocencia que nos estamos saltando a la torera. Por favor, primero el juicio, luego la condena si es lo que procede; no al revés. ¿No estáis de acuerdo con esto? Porque es lo que pide JM en el artículo. 2. Los denunciados falsamente (que los hay, sean muchos o pocos) son víctimas, merecen nuestro respeto y nuestro apoyo. ¿Tampoco estáis de acuerdo con esto?

Poner sobre la mesa que hay (algunas) denuncias falsas no es atacar a las mujeres de bien, como vosotros parecéis interpretar, es poner las cosas en su sitio y, de paso, defender a las que sí han sido acosadas/abusadas de verdad. No entiendo esa insistencia en defender a las que mienten y no veo misoginia en ello, desde luego no en las palabras del artículo. Desenmascarar a las que se aprovechan solo puede beneficiar a las que son víctimas de verdad. Pero donde JM dice eso, vosotros entendéis que lo que quiere decir en realidad es que todas las mujeres hacen denuncias falsas y se aprovechan. Interpretáis lo escrito a vuestra manera, ponéis en labios de JM palabras e ideas que él no ha expresado en el artículo. Sois libres de hacerlo, pero yo prefiero interpretar lo que sí ha escrito, no lo que pueda pensar, porque, contrariamente a vosotros, no sé qué pasa por su cabeza. Juzgo lo que leo, no lo que imagino.

Por cierto, el título de la entrada es: Una injusticia no se subsana con otra. Con ello me refiero a dos injusticias y vosotros solo os centráis en una.

Parece que todos estamos muy dispuestos a defender a las víctimas siempre que sean mujeres, pero nadie se ve capaz de romper una lanza para asistir a las otras víctimas: los hombres falsamente acusados o directamente condenados sin juicio previo, personas a las que desde ya han destrozado la vida. Me pregunto por qué. Es más, cuando algunos alzamos la voz pidiendo justicia para todos, repito, para todas las víctimas, enseguida se nos intenta acallar en pro del pensamiento único. Javier Marías desde un periódico, Catherine Deneuve en su carta abierta, la científica Andrea Martos, y un servidor en su más que modesto blog, además de otros muchos, seguiremos defendiendo la presunción de inocencia y la justicia para todos. Las mujeres abusadas están las primeras en nuestra lista, pero van solas.

Tawaki dijo...

Segundo comentario, motivado por lo largo de la respuesta.

Nélida, tu visión y la mía no pueden ser más distintas. Parece mentira que un mismo texto se pueda interpretar de forma tan diferente por dos personas. Entiendo tu situación particular (ya me lo habías comentado) y si quieres lo hablamos por email, pero será difícil conjugar opiniones porque yo me baso en lo que leo, no en lo que imagino que quiere decir. Creo también que el objeto del artículo es otro, como ya he expresado antes. Para que te hagas una idea de la dificultad, conozco a una chica acosada que me ha dicho que el artículo le parecía bien y que solo desea que fuese más fácil reunir las pruebas necesarias para condenar a estos criminales.

Lola, no creo que JM diga que todas las acusaciones son falsas. De hecho, la gran mayoría son verdaderas. JM afirma que como algunas denunciantes mienten, no podemos dar por sentado que todas las denuncias sean verdad sin que se hayan presentado pruebas y sin que haya habido un juicio justo y previo. En un estado de derecho, las denuncias tienen que ser soportadas por pruebas ante un juez, que es el único que tiene la facultad de condenar si es lo que procede. Anteponer la culpabilidad al juicio, que es lo que muchos hacen en estos casos, es cargarse la presunción de inocencia, y eso es propio de regímenes totalitarios, no de democracias, como sabes tú mejor que nadie. Lo que JM (y yo) propugnamos es que se verifiquen las denuncias, se enjuicie a los imputados y solo entonces, si procede, se castigue a los culpables. En cuanto a tu última pregunta, Nélida te ha contestado, en la mayoría de los casos lleva mucho tiempo denunciar.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.

Una mirada... dijo...

Apreciado Tawaki: No voy a discutir ni a debatir que estés de acuerdo con lo que escribe Javier Marías; por lo que te he leído te tengo por persona ponderada y con excelentes principios y eso me es suficiente. A quien sí rebato es a Marías, un autor que cada vez que menta a las féminas destila una misoginia -ignoro si fruto de circunstancias personales o simple mala fe- tan lamentable que me cuesta tener la debida consideración con él. Es más, confieso que cuando, en alguna ocasión, he comentado algún artículo suyo he sudado lo indecible para no expresar crudamente la opinión que me merecía.

Gracias por tu paciencia, compañero.

Tawaki dijo...

Una mirada, se agradece el regreso, que hayas leído mi muy extensa respuesta, así como que complementes tu comentario anterior. No sigo a Marías y este artículo lo recibí por Whatsaap, así que no conozco su historia tan bien como tú; me guío únicamente por estas letras, sin considerar el resto y, supongo, influido por mis propias ideas. No sé si soy ponderado, aunque lo intento, algo que aprendo de quienes me rodean. Gracias a ti.

nélida dijo...

Tawa, nos sucede a menudo que interpretemos unos y otros cosas diferentes. Como te dije, lo leí cinco veces, y unas de las razones fue porque de alguna manera buscaba en lo profundo del texto el argumento que a vos te había convencido para que suscribiera palabra por palabra al artículo, porque sé de tu valor como persona. La otra, porque no podía entender una defensa de los inocentes tan cargada de irrespeto. Y sí, entendí lo que pretendía decir JM; y hubiera sido más claro y más comprensivo (al menos para mí) si para echar una mirada cuidadosa sobre el asunto, no hubiese atacado a las posibles tramposas, de la manera que lo hace.
Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Adhiero. Y no solo que adhiero, sino que soy de las personas que pueden ser muy crítica con mi propio género, cuando desde mi punto de vista, actúan desde los extremos, y le exigen al varón cosas que ellas mismas no dan.
No condeno a los inocentes y no aplaudo a quien se aproveche de la situación para sacar ganancias. Sencillamente no adhiero a la falta de respeto, de un lado y del otro.

Gracias a vos por tu respuesta y tu cuidado.

Tawaki dijo...

Nélida, no esperaba menos de ti después de todo lo que te conozco y precisamente por eso había que poner un cuidado especial en las palabras, porque éste no es, además, el mejor medio para conversar.. Precisamente, al hacer interpretaciones diferentes y compartirlas desde el respeto a la opinión del otro es como más crecemos. Lo que uno no ve lo aporta el otro. La variedad nos enriquece, y te agradezco mucho este segundo comentario, así como que te hayas leído muy larga explicación. Un beso.

nélida dijo...

Bueno que tampoco me he quedado atrás en extenderme comentando. Las gracias son compartidas.

RosaMaría dijo...

El tema es gravísimo. Desde luego todo debe ser denunciado, pero también aclarado y comprobado lo más rápido posible. Creo que ahora se inician guerras por todos lados y de todo tipo, la sociedad está enferma, por carencia o por exceso, por difusión excesiva, reiterada y con juzgamiento por parte de periodistas, revistas y programas sensacionalistas que ahondan sin saber o sin tener noción de lo que opinan. Lo hacen como en una charla de café, superficialmente y hasta los jueces están desorientados al respecto, tal vez porque la justicia está atrasada para resolver este tipo de atropellos. Te saludo con afecto.

Tawaki dijo...

Nélida, nos gusta hablar a los dos, que ya nos conocemos... Un beso.

Rosa María, los medios de comunicación nos incitan al odio, con noticias tergiversadas o directamente falsas, aproximándose a menudo a los hechos desde un solo ángulo. Por eso debemos detenernos a pensar las cosas con calma y tratar de ser justos en nuestras apreciaciones, porque tomamos partido demasiado pronto, y muchas veces condenamos antes de haber juzgado. Las personas (hombres y mujeres, no solo mujeres) que han sido víctimas de abusos tienen todo el derecho a que se haga justicia; los que son acusados tienen el derecho a la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario, y se pueden defender ambas cosas a la vez. Muchas gracias por dejar tu punto de vista, que, además, coincide con el mío.

Friné dijo...

Hace tiempo que me desenganché del "Pais" y desde luego jamás hago clic en un enlace a ese periódico. A Javier Marías antes le leía de vez en cuando en su blog
https://javiermariasblog.wordpress.com/2018/02/11/la-zona-fantasma-11-de-febrero-de-2018-ojo-con-la-barra-libre/
pero hace también tiempo que cerró los comentarios, y dejé de pasar por allí, así que supongo que su nota debe coincidir con la del pais que enlazas.
Me parece que el artículo de Javier Marias está regado de eufemismos, y esto en alguien que se dedica a escribir no es bueno. Si tiene que decir algo de alguien que lo diga. Y si tiene que poner la mano en el fuego por alguien, pues que lo diga. Lo demás es correr más aún el rumor en ellos y ellas.
La gente corriente necesita enemigos objetivos, los políticos a quien guiar y los periodistas noticias o movidas de las que escribir.
En todos los tiempos ha habido caza de brujas. Ahora toca cazar a los acosadores.
En todas las batidas se apuntan y se cuelan sanguinarios, que ahora podríamos llamar nazi-feministas, pero son vaivenes que dejarán de tenerse en cuenta. En Francia país eternamente liberal ya han encontrado sus detractoras, que no consienten que llamen acosador a hombres, (o mujeres), y se expresan a favor sin tapujos por que estos sientan y digan sin ninguna represión de la atracción natural ante el cuerpo.

ñOCO Le bOLO dijo...

·.
Un artículo que debiera movernos a una reflexión profunda. El problema ya está señalado y entre víctima y victimario hay demasiado trecho. Creo que es un artículo para desarrollar en una buena tertulia. En cualquier caso, me inclino por el lado de la mujer.

Un abrazo Tawaki

La Mirada Ausente · & · Cristal Rasgado

Tawaki dijo...

Friné, precisamente ayer escribía en otro blog sobre eso, sobre que los medios de comunicación tienen que magnificar los problemas y los enfrentamientos para vender más. El problema es real y muy grave. El enfrentamiento entre hombres y mujeres en el día a día por este tema no es tal y al final coincidimos en casi todo. Puede que Marías no lo haya expresado de la mejor manera, pero yo me quedo con el mensaje de que estamos condenando a personas sin pruebas y sin juicio previo. Es algo que además de injusto me parece peligroso y, por desgracia, nadie le presta atención. Por supuesto que hay que acabar con los abusos, por supuesto que hay que condenar a los culpables. Yo lo que pido es un poco de cabeza, que con esto de las redes sociales hemos vuelto a los linchamientos de la Edad Media.

ñOCO Le bOLO, ese es el problema, que un blog no es el mejor escenario para expresar nuestras ideas en profundidad, viendo además la expresión y los gestos del otro. Yo me inclino del lado de los inocentes, de las víctimas, sean hombres o mujeres. Me inclino del lado de los que son abusados, pero también de los que son acusados falsamente. Creo que está poniendo un 100% de énfasis en los primeros y un 0% en los segundos. Y no me parece justo.

Muchas gracias a los dos por haber dejado aquí vuestra opinión.